La vida misma es así, recién entré a la página para escribir el cuento –hoy más crónica que nunca- y ya de pique me desayuno advertencias, notas, privacidad, cambios y muchas porquerías cibernéticas. Pobre gordo, como cayó. Demás está decir que es una reverenda exageración y más que una solución final, es un poco de humo y listo.
Todo sigue igual, los cuentos ya van a venir. Hoy está muy de moda robar con las crónicas y payar con lo que pasa día a día. Otra cosa que me atrevo a opinar y casi molesto, a pesar que no vale la pena, es la mediata respuesta de la gente para con los medios de comunicación. Es expulsar un gas escrito y ya de pique te lo están aplaudiendo, reprochando, interpretando como el ojete, etc.
Cuanta gente opina; escribe y agrede, gratis, a quienes escriben. Tiene su parte buena, que es la libre respuesta, y todo eso. Pero es mucho ya. Nadie respeta nada, no hay filtro de nada, hoy, reitero, esto ya no es un cuento, nada es cuento. A pesar de que paralelamente hay mucho cuento. Se vino el último año para muchos, uno más para otros.
Realmente, yo no lo sé, nadie sabe que pasará, el tema es ese, por eso, todos nos dedicamos a payar, como locos que somos. Algunos con buenas intenciones, otros no. En el tercer párrafo al escribir ojete, el corrector me recomendó escribir “ojeteen”. Así que por ahí viene la mano.