miércoles, 26 de septiembre de 2012

El pase del año



       “En serio bo, mirá que éste tipo la mueve. Juega como los dioses.” Expresó el contratista, de uno de los delanteros, que le dio la espalda a la grata historia del balompié.  De dicha conversación fueron testigos dos personas; él que atendía en el carrito de “choripanes” de turno y el vicepresidente de uno de los clubes más importantes del medio. (No nombramos al club, por falta de memoria. No de agallas).

La respuesta del dirigente fue: “Que buenos 'choris', la verdad que venir acá para hacer una base fue una gran idea” Volviendo al tema deportivo, dijo: “Y bueno tráelo y vemos, que más se le va a hacer. Yo confío en vos, vos confías en mí, además pagaste el carrito. Donde hoy 'garpes los togas', por mí, lleva a jugar a tus hijos, ¡jaja!"

Lo que el contratista no dijo (quizás por falta de memoria o por consumo de varias pócimas que hacen que se ausente la misma) fue que el delantero era muy corto de vista, no veía nada (lo mismo que un fan de "Algo contigo"), veía menos que Andrea Bocelli cuando recién se levanta. Eso poco importo, vino la primera fecha y debutaba como suplente.

Faltaban dos minutos, cancha llena, mucha tensión. Cero a cero, último cambio. Adentro el delantero, “¡Pibe, vení! ¡Te toca!” gritó el técnico. Para colmo del lector las remeras de ambos equipos eran muy parecidas, ¡Ingresa con la número once; Ricardo Venada. Se retira con la dos; Mario Toraxfrio! Se escuchaba por el altoparlante.

“Ricardo, estoy solo pásala, dale” toque de Venada atrás, centro de la muerte, dos minutos pasada la hora y…gol, golazo, triunfo, ovación (nooo, ovación no, eso es plagio) algarabía (esa está mejor)  ¡Debut con triunfo! ese hubiera sido el titular del diario del lunes, si el pase hubiera sido para un compañero de él y no para el astuto nueve del equipo rival.

domingo, 23 de septiembre de 2012

El Bar



“¡Ooooo, el “Beto” no se va! ¡No se vaaaa, no se va, el “Beto” no se va!” Gritaba enardecida la gente, en un conocido bar de la zona de La Figurita (barrio uruguayo de nombre simpático). Ante eso, uno de los fieles feligreses del recinto dijo: “Por mi que se vaya. Nunca hizo nada acá. En Europa la metía de todos lados, pero acá es un perro.”

¿Para qué dijo eso? Se armó una trifulca de aquellas, más peligrosa que ver Sin Límite sobrio. (La acotación es un chiste; no sea cosa que este humilde cuento sea punto de debate entre Goñi, Pereira, Baillo y los demás). “¡Callate, viejo choto, no sabés nada!
 ¡Ves menos fútbol que Sergio Puglia! exclamó un furioso fan del “Beto”, emocionado y con los ojos llenos de lágrimas.

El ambiente del lugar se cortaba con un cuchillo (más picado, que un Salus – Villa Teresa, un martes a las tres de la tarde). Ante semejante panorama, otro sensible parroquiano rompió una botella de Dunbar, generando el aplauso cerrado de los presentes y acotó, serio y reflexivo: “'Beto hay, hubo y habrá uno solo. Así que acá nadie se mete porque saco el ´bufo´ y los paso a todos al otro mundo.”

“Muchachos, tranquilos, ahora ya está. Yo lo que les recomiendo es que hagan las paces, sigan tomando y lo arreglamos. Como gente de bien que somos”, dijo, en una gran movida marquetinera, el dueño del lugar, el famoso viejo gallego del que nadie sabe su nombre y que por distributiva le dicen, originalmente,“El Gallego”.

Así fue como se calmó la situación, que dejo como saldo un viejo enojado; un viejo triste, un Dunbar roto, un “Beto” menos en el deporte y un gallego vivo, que ese día vendió todo lo que había para tomar. “Hasta los 'maníce' se tomaron”, fueron las últimas palabras de un testigo, que solo ingreso al bar a echarse una meadita rápida, para luego ir a esperar un domingo de tarde el 306, lo que lo llevaría a morir de viejo, en la parada.

Una vez más, el bar de un gallego es protagonista en un conflicto meramente deportivo, razón por la que un parroquiano puede ser capaz de hacer cualquier cosa para defender a capa y espada a un ídolo popular. El alcohol presente, sin ser culpable de los hechos y un piso que jamás podrá volver a ser el mismo, producto de la caída del fatal líquido que contenía la botella de la marca ya mencionada.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Ever Mamao



       Ahora que me acuerdo, mientras suenan los hielos del tecito, Ever Mamao un jugador de aquellos, diez diez, ni nueve ni ocho…diez.

      Ever tenía una particularidad, sólo borracho podía jugar bien, sobrio era espantoso como corbata de Julio Ríos. Siempre se dijo que el hermano jugaba mucho mejor, pero como no tomaba, no jugaba. Siempre decía: “Sobrio juega cualquiera, ahora mamado el mejor soy yo”
    
       El dueño de la cantina del club siempre feliz de recibirlo, es que Ever ya le había pagado la educación de los hijos y la sociedad médica del cantinero y la señora. Muchos jugadores lo quisieron imitar, toditos quedaron con una cirrosis de aquellas.
    
      Ever iba tanto para adelante que un día jugó atrás del arco rival e hizo tres pases de gol. La gente lo ovacionaba, no había contratista ni dueño de boliche que no lo quisiera. Un “crá”. Se retiró del deporte porque el médico hincha del equipo rival (se supo tiempo después) le dijo que no tomara más.
    
     Gran jugador y mejor persona, ídolo de grandes y chicos. Ever Mamao el del medio de los hermanos Mamao, siempre quedará en el recuerdo. Para su partido de despedida hubo canilla libre de caña con coquitos. No hubo cristiano que no fuera a despedirlo.