El tipo era algo recio de
carácter (por no decir un sorete) pero tenía un día a la semana, para ser más
preciso dos horas cada siete días en las que era un tipazo: amable, educado,
servicial, etcétera.
Esta es la historia de Hugo Hernesto
Hernández. Sí, le pusieron Ernesto con “H” para que queden como iniciales las
mismas letras, lo que es la vida y las casualidades que iba a ser hincha
fanático del Huracán Hostil Honda, equipo fusionado y además gerenciado por una
famosa marca de motos y dispositivos para arrojar piedras y/o coquitos a
pájaros y ancianas.
Él y su cuadro eran una sola
persona, un amor incondicional que a pesar de ser un botón toda la semana y a la
inversa de muchas personas se transformaba en un muy buen tipo dentro del
Parque Huracán Hostil Honda. Todos los domingos asistía a la cancha religiosamente. Actividad que le hizo perderse grandes eventos tales como el nacimiento de su
primer y único hijo, el casamiento del mismo y el funeral de su suegra.
En el barrio, trabajo y hogar
era un verdadero antipático, siempre habando en monosílabos: Si, no, té (su
bebida favorita). Nadie lo soportaba, realmente amargaba la vida de todo el
mundo, pelota de vecino que caía en el patio iba derecho a la parrilla para ser
quemada para luego devuelta, lo mismo con las mascotas que pisaban su predio,
era malo de verdad casi tan malo como Día Perfecto. Malo.
Su lugar era la cancha para ver
al fusionado, que si bien nunca le dio una alegría él era feliz al extremo, llegaba
y saludaba a todo el mundo, felicitaba los logros de todos, jugaba con los
niños, cantaba canciones muy saludables para su cuadro y rivales, era un amor
el tipo. En el entretiempo vendía rifas para ayudar al club, luego del partido
juntaba uno por uno los papelitos del suelo. Un tierno de aquellos.
Al llegar a su casa después del partido su humor era otro, llegaba sin saludar, quejándose del barrio, de
los vecinos, de los videos de ex presidentes en conferencias a ex alumnos, del
precio de la leche, entre otras cosas. Un amargo con todas las letras con un
único y verdadero amor: Huracán Hostil Honda. Para muchos un enfermo, para
otros un adelantado a la época y para los demás un hincha de verdad.
