Antes que nada. Yo no tengo nada que ver, linda forma de lavarme las manos. Pero en realidad esto le pasó a un conocido (que conoció un amigo que le presento a otro conocido más que un día se cruzó en un bar a Satán, Lucifer, Diablo, Jorge Rial o como quieran llamarlo). La cuestión fue que él estaba allí parado contra el mostrador mirando de reojo la televisión. Con una camisa desprendida de manga corta, un short y un termo con un pegotín de: “Yo los voté y lo volveré a hacer una y otra vez, hasta que me quede lleno el termo de pegotines.” Bien disfrazado como un compatriota modelo.
¿Cómo se dio cuenta que era el Diablo? Le pregunté a mí conocido (que conoció un amigo que le presento a otro conocido más que un día se cruzó en un bar a Satán). A lo cual me respondió: “Fácil estaba él mirando de reojo Telenoche y se río todo el tiempo, pero no de la manera que nos reímos todos, de forma aterradora, sino que lo disfrutó y se regocijó, cuando Fernando habló.” Quedé perplejo, no lo podía creer. ¡Cincuenta pesos un Kinder, que trae de sorpresita; un diamante! exclamé. Antes era mejor, le dije a la cajera y estuve una hora diciéndole, que cuando yo era chico, con veinte pesos en el recreo eras Rockefeller y diez más: Un alfajor, unas papitas y una gaseosa con cinco pesos de cambio. Que tiempos aquellos, a vos inflación te digo.
Al salir del supermercado, con toda esa indignación desahogada y la cajera llorando en un rincón por no soportar pretensiones de un ex clase media. Vuelvo a hablar con este conocido a lo cual me responde: “No te puedo contar más que te crees que soy, el peludo de Voces Anónimas. Eso fue lo que pasó y punto. No quiero hablar más del tema.” Tranquilo loco, le dije, tampoco es pa´ tanto. Ni que fuera Niembro, es sólo el Diablo. El tipo merece ir a tomar algo. Me imagino. Así culmina la anécdota más intrascendente de todas. La cuestión es que Satán está en todos lados vestido de Político, Médico, Abogado, Publicista, Monseñor, Profesor, Empresario y Periodista Deportivo. Entre otras.
El tipo sabe lo que quiere y mal no le va. Una pena.
El tipo sabe lo que quiere y mal no le va. Una pena.
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