Las fábulas son así: al lector
le permite introducirse a un mundo totalmente irreal, donde lo normal escasea y
la fantasía es el “leimotiv” de la obra. Esto al autor le deja escribir
cualquier cosa, total es una fábula y sino pregúntale a Disney que destrozó
cualquier tipo de historia para hacer siempre la misma chotada.
La final cada vez más cerca; dos equipos
calentando, hasta que el juez una mezcla de cuervo con babosa da el silbatazo
inicial del partido. El balón lo toma el capitán: La oruga (jugador gordo, algo
lento y ya pensando en el retiro) se la pasa al Camaleón que es y será el
típico jugador que por año juega en equipos diferentes.
Los bananas gritaban por sus
cuadros y los nabos alentaban a la violencia pero los botones impartían orden
desde las tribunas, el partido cero a cero (menos emoción que un guión de Señor
y señora Camas) Los perejiles relatando el partido y ya asqueados por el mal
juego, hasta que el hábil camaleón se tira en el área, el Cuervo-Babosa compra
y cobra penal.
Los nabos enojadísimos empiezan
a tirar piedras a la tribuna y comienza el bardo, el partido se suspende unos
minutos, hasta que un botón le dice al árbitro que se puede seguir. “Esto no
puede ser, hay que matar a palos a los violentos” gritó un perejil que relataba
el partido.
Se retoma desde el punto de penal. Esta pronto
para patear el Mago (habilidoso diez que a pesar de la edad y su discutible conducta es figura en el
cuadro) “Tiro y goool, goool, golazo” gritaban los relatores, 1 a 0 el partido,
el Caballo rival protesta y ve la roja. Final del partido tenemos un
campeón, los bananas festejan, los nabos
se pelean entre ellos y los perejiles…siguen haciendo su trabajo.
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