Ahora que me acuerdo, mientras
suenan los hielos del tecito, Ever Mamao un jugador de aquellos, diez diez,
ni nueve ni ocho…diez.
Ever tenía una particularidad,
sólo borracho podía jugar bien, sobrio era espantoso como corbata de Julio
Ríos. Siempre se dijo que el hermano jugaba mucho mejor, pero como no tomaba,
no jugaba. Siempre decía: “Sobrio juega cualquiera, ahora mamado el mejor soy
yo”
El dueño de la cantina del club
siempre feliz de recibirlo, es que Ever ya le había pagado la educación de los
hijos y la sociedad médica del cantinero y la señora. Muchos jugadores lo
quisieron imitar, toditos quedaron con una cirrosis de aquellas.
Ever iba tanto para adelante que
un día jugó atrás del arco rival e hizo tres pases de gol. La gente lo
ovacionaba, no había contratista ni dueño de boliche que no lo quisiera. Un
“crá”. Se retiró del deporte porque el médico hincha del equipo rival (se supo
tiempo después) le dijo que no tomara más.
Gran jugador y mejor persona,
ídolo de grandes y chicos. Ever Mamao el del medio de los hermanos Mamao,
siempre quedará en el recuerdo. Para su partido de despedida hubo canilla libre
de caña con coquitos. No hubo cristiano que no fuera a despedirlo.
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