“¡Ooooo, el “Beto” no se va! ¡No
se vaaaa, no se va, el “Beto” no se va!” Gritaba enardecida la gente, en un
conocido bar de la zona de La Figurita (barrio uruguayo de nombre simpático). Ante
eso, uno de los fieles feligreses del recinto dijo: “Por mi que se vaya. Nunca
hizo nada acá. En Europa la metía de todos lados, pero acá es un perro.”
¿Para qué dijo eso? Se armó una
trifulca de aquellas, más peligrosa que ver Sin Límite sobrio. (La
acotación es un chiste; no sea cosa que este humilde cuento sea punto de debate
entre Goñi, Pereira, Baillo y los demás). “¡Callate, viejo choto, no sabés nada!
¡Ves menos fútbol que Sergio Puglia! exclamó
un furioso fan del “Beto”, emocionado y con los ojos llenos de lágrimas.
El ambiente del lugar se cortaba
con un cuchillo (más picado, que un Salus – Villa Teresa, un martes a las tres
de la tarde). Ante semejante panorama, otro sensible parroquiano rompió una
botella de Dunbar, generando el aplauso cerrado de los presentes y acotó, serio
y reflexivo: “'Beto hay, hubo y habrá uno solo. Así que acá nadie se mete
porque saco el ´bufo´ y los paso a todos al otro mundo.”
“Muchachos, tranquilos, ahora ya
está. Yo lo que les recomiendo es que hagan las paces, sigan tomando y lo
arreglamos. Como gente de bien que somos”, dijo, en una gran movida marquetinera,
el dueño del lugar, el famoso viejo gallego del que nadie sabe su nombre y que por
distributiva le dicen, originalmente,“El Gallego”.
Así fue como se calmó la
situación, que dejo como saldo un viejo enojado; un viejo triste, un Dunbar
roto, un “Beto” menos en el deporte y un gallego vivo, que ese día vendió todo
lo que había para tomar. “Hasta los 'maníce' se tomaron”, fueron las últimas
palabras de un testigo, que solo ingreso al bar a echarse una meadita rápida, para
luego ir a esperar un domingo de tarde el 306, lo que lo llevaría a morir de
viejo, en la parada.
Una vez más, el bar de un
gallego es protagonista en un conflicto meramente deportivo, razón por la que
un parroquiano puede ser capaz de hacer cualquier cosa para defender a capa y
espada a un ídolo popular. El alcohol presente, sin ser culpable de los hechos
y un piso que jamás podrá volver a ser el mismo, producto de la caída del fatal
líquido que contenía la botella de la marca ya mencionada.
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