“En serio bo, mirá que éste tipo la mueve. Juega como los dioses.”
Expresó el contratista, de uno de los delanteros, que le dio la espalda a la
grata historia del balompié. De dicha
conversación fueron testigos dos personas; él que atendía en el carrito de “choripanes”
de turno y el vicepresidente de uno de los clubes más importantes del medio.
(No nombramos al club, por falta de memoria. No de agallas).
La respuesta
del dirigente fue: “Que buenos 'choris',
la verdad que venir acá para hacer una base fue una gran idea” Volviendo al
tema deportivo, dijo: “Y bueno tráelo y
vemos, que más se le va a hacer. Yo confío en vos, vos confías en mí, además
pagaste el carrito. Donde hoy 'garpes los togas', por mí, lleva a jugar a tus hijos,
¡jaja!"
Lo que el
contratista no dijo (quizás por falta de memoria o por consumo de varias
pócimas que hacen que se ausente la misma) fue que el delantero era muy corto
de vista, no veía nada (lo mismo que un fan de "Algo contigo"), veía
menos que Andrea Bocelli cuando recién se levanta. Eso poco importo, vino la
primera fecha y debutaba como suplente.
Faltaban dos
minutos, cancha llena, mucha tensión. Cero a cero, último cambio. Adentro el
delantero, “¡Pibe, vení! ¡Te toca!” gritó
el técnico. Para colmo del lector las remeras de ambos equipos eran muy
parecidas, ¡Ingresa con la número once; Ricardo Venada. Se retira con la dos;
Mario Toraxfrio! Se escuchaba por el altoparlante.
“Ricardo, estoy solo pásala, dale” toque
de Venada atrás, centro de la muerte, dos minutos pasada la hora y…gol, golazo,
triunfo, ovación (nooo, ovación no, eso es plagio) algarabía (esa está
mejor) ¡Debut con triunfo! ese hubiera
sido el titular del diario del lunes, si el pase hubiera sido para un compañero
de él y no para el astuto nueve del equipo rival.
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